Las bonitas deben estar locas
Mi primera enamorada debió haber sido menos agraciada que la que describe Martín Adán en Casa de Cartón. En efecto, no sólo tenía más vellos que yo, si no que además los sabía exhibir mejor. Sus piernas blancas como la leche cajamarquina bailoteaban en su cuerpo lánguido e inhabitable que solían enfrascarse en una falda [...]

















