Voy a matarla

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Estoy pensando matarla y me aterra. Nunca mi cabeza se había peiando con pensamientos tan violentos. Sentí el primer indicio hace como cuatro meses, como premonición de un verano corto. Fuimos a visitar a mi primo Miguel, recientemente operado en el Hospital Rebagliati. No era grave, pero quisimos acompañarlo. Esperando en un pequeño hall del solitario pasadizo 9, Noelia, cambiando el tema de conversación, me habló de la eutanasia. Desde que descrubrí el significado de esa palabra, viendo Mar adentro de Amenábar, siempre la odie. No podía concebir que alguien tuviese el valor de quitarle la vida a otra persona, asi fuera “para evitarle más sufrimiento”.

Al principio creí que sus preguntas sólo tenían el fugaz objetivo de saciar una atrasada curiosidad. Pero de pronto se ha interesado por los temas apológicos a la violencia, el sadismo y la muerte. El mes pasado me llevó a jugar Paintball, un juego de pistolas de aire comprimido con pintura, cuyo clímax se alcanza al “matar” al oponente. Ella siempre perdía, es más, sospecho que nunca llegó a cargar su arma.

Ayer, cuando me disponía a dormir, luego de celebrar el Día del Pisco Sour, ella entró al cuarto con un cuchillo en la mano. Sentí que un frío escanear mi cuerpo, desde los pies hasta la cabeza. Me miró, disfrutando mi pánico, como se come la puntita de un barquimiel. Se sonrió y me enseñó una fruta. Me intrigaba mucho saber por qué necesitaba un cuchillo de cocina para pelar una fruta que se podia pelar con la mano. Quise preguntarle si por ahí tenía otra, pero no quise molestarla. Fingí leer un periódico de hace dos semanas y mostrarle tanto interés como para no dorimirme en toda la noche.

Desperté asustado en la mañana, ¿cómo pude haberme dormido? Quizá ya estaba muerto y aún no lo sabía. Miré hacia la mesita de noche buscando mis lentes y lo vi. No se había comido la mandarina de anoche. Estaba ahí, junto al cuchicllo. Me paré lentamente para no despertarla, estaba asustando, y me di cuenta. Ella no quiere matarme; al contrario, quiere provocarme a decidir que yo a mate.

No pude más. Corrí al baño y me encerré. Ahora estoy sentado en la tina de la ducha, esperando a que sea de noche y se vuelva a dormir, para escaparme o no sé. Ella lleva media hora tocando la puerta. Se le nota un poco ansiosa. Grita mi nombre lo más fuerte que puede. Dice que me quiere enseñar un juego que vio ayer, en YouTube. Estoy empezando a creer que ya no sólo mira videos de perreo en ese portal.

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    1 Comentario en “Voy a matarla”

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    1. 8 Octubre, 2008, 23:59
    2. [...] No sé si siempre he sido más cobarde que una rata, pero jamás me atreví a matar una. Desde niño he sentido una extraña y dulce amilanación hacia ellas: en lo general no me asustan ni me dan asco. Así, por lo absurdo de la vida conocí a Robin. Este roedor y sus dos niños me rompieron el corazón, ni bien los vi huyendo de la escoba ondeante de mi madrastra que, iracunda, intentaba reventarles el alma. Abrí la puerta de mi cuarto y con ella un cuarto de mi corazón –los tres cuartos restantes son para Noelia-. [...]

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